
Entre el movimiento de Paseo de la Reforma se encuentra Rekō, un restaurante que desde que entras se siente más cercano a un bar cool que al típico lugar de sushi. La iluminación oscura con tonos rojizos, la música y una decoración llena de detalles construyen una atmósfera perfecta para llegar a comer o cenar y terminar con unos drinks.
El restaurante de cocina japonesa con toques mexicanos retoma la esencia de los listening bars japoneses de los años ochenta, donde los vinilos y el sonido de alta fidelidad forman parte central de la experiencia.
Como parte de Grupo San-Tō, el restaurante construye su propuesta a partir de sabores asiáticos e ingredientes mexicanos. Una mezcla que se hace especialmente evidente en los nigiris, donde las piezas tradicionales conviven con combinaciones mucho menos esperadas. Entre estas se encuentra el nigiri de chapulines y el de hamachi choco, preparado con hamachi y chocolate oaxaqueño.
La variedad continúa con sashimis, tiraditos y handrolls. Uno de los grandes favoritos es el Hamachi Negi Trufa, servido con ponzu trufada. Es fresco, cremoso y tiene el sabor suficiente de trufa para hacerlo especial sin volverse demasiado pesado, convirtiéndose en uno de esos platos que dan ganas de volver a pedir.
Para seguir compartiendo están las tostadas de chū-toro, servidas sobre tostadas crujientes de wonton. Asimismo, las gyozas rellenas de huitlacoche y Wagyu vuelven a unir ingredientes mexicanos y asiáticos en un solo bocado, con una combinación distinta, pero deliciosa. Otro de los platos que vale la pena pedir es el Spicy Udón Carbonara, preparado con una salsa cremosa y ligeramente picante, ideal para compartir entre los nigiris, sashimis y entradas.
La selección de makis es muy amplia, por lo que resulta fácil terminar pidiendo más de uno. Entre ellos destaca el Gurin Salmón, con pepino y aguacate por dentro, salmón fresco e ikura por fuera. Todo el bocado se siente fresco, desde el pescado hasta el toque crujiente del pepino y las pequeñas explosiones de ikura.
Para terminar, la carta ofrece una selección grande de postres que se mueve entre clásicos asiáticos, sabores mexicanos y mezclas de ambos. El pastel de elote es una buena opción para cerrar con algo más familiar, mientras que el set de mochis permite probar diferentes sabores y compartirlos.

Rekō es de esos restaurantes en el cual la experiencia no termina al retirar los platos. Entre la iluminación rojiza, la terraza llena de plantas, las lámparas asiáticas y una barra espectacular, el lugar tiene la vibra perfecta para comenzar con nigiris y terminar alargando la noche.
📍Paseo de la Reforma 390, Juárez, CDMX.

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