Bruxo Mezcal: los sabores que nos hacen recordar en Día de Muertos

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Un pan, un platillo favorito, una copita de mezcal. En Día de Muertos, los gustos de quienes recordamos nos ayudan a prepararles un lugar. Con esa conexión como punto de partida, Bruxo reunió a un grupo de invitados en Cardín, en Ciudad de México, para preparar pan de muerto y compartir mezcal. El encuentro acercó a los asistentes a los procesos detrás del pan de temporada y abrió un espacio para convivir alrededor de ambos sabores.

Hay familias en las que todavía se prepara un platillo como le gustaba a alguien que ya no está. Se conserva una receta, se busca un ingrediente o se cuenta otra vez aquella historia que siempre aparece al sentarse a la mesa. Los sabores tienen esa capacidad de traer a una persona a la conversación. En Día de Muertos, esos detalles encuentran un lugar en la ofrenda. Entre flores, fotografías y veladoras aparecen también los gustos particulares: el pan que nunca faltaba en casa, la comida que se pedía en cada cumpleaños, la bebida que acompañaba las sobremesas. Elegir qué poner implica detenerse a recordar.

Una copita de mezcal puede formar parte de ese gesto cuando era una de las bebidas que disfrutaba la persona a quien se dedica el altar. Su presencia nace de una memoria concreta, de saber cómo le gustaba celebrar o con qué acompañaba una buena conversación. Prepararle un lugar empieza por reconocer esos pequeños gustos.

Desde sus raíces oaxaqueñas, Bruxo propone acercarse a esta celebración a través de la memoria y los oficios artesanales. La elaboración del mezcal reúne años de crecimiento del maguey y el conocimiento de los maestros mezcaleros, cuyas decisiones durante la cocción, la fermentación y la destilación dan carácter a cada expresión.

En casa, la elección de lo que irá en la ofrenda tiene su propia historia. A veces basta preguntar qué le gustaba comer a alguien para que la conversación se llene de anécdotas: quién lo preparaba, dónde lo compraban, en qué ocasión se servía.

Ahí, entre los ingredientes y los recuerdos, la ofrenda empieza a tomar forma. El pan, el plato servido y la copita elegida guardan algo de esa persona. Al ponerlos sobre la mesa, también encontramos una manera de seguir contando su historia.

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