Antes de la taza: la historia de Fuego y Café
- Nathalia Tellez
- octubre 22, 2026
- 10:11 am

Hay algo intimidante en aceptar que no sabemos tanto de café como creemos. Podemos tener nuestra cafetería favorita, saber exactamente cómo pedimos un flat white y reconocer cuándo una taza nos gusta, pero hablar de curvas de tostado, procesos, regiones o métodos de extracción ya es otra historia. Y justo ahí Fuego y Café hace algo bien: tomarse el café muy en serio sin esperar que todos lleguemos siendo expertos.
Aquí hay técnica, y mucha. Hay cuatro generaciones de una familia dedicada al café, relación directa con productores, conocimiento de los procesos de beneficio y perfiles de tostado desarrollados para cada lote. Pero también hay baristas dispuestos a explicar, recomendar y acercarte a todo ese mundo de una manera mucho más natural. Puedes preguntar, probar algo distinto y entender un poco más de lo que tienes enfrente; o simplemente pedir un café y disfrutarlo. En ambos casos, detrás de esa taza hay alguien que sabe exactamente lo que está haciendo.
Aunque Fuego y Café abrió sus puertas en 2023, su historia empezó mucho antes. Al frente está Elisa Moreno, cuarta generación de una familia dedicada a la industria cafetalera. Esa relación con el café no comienza cuando el grano llega a la cafetería: la familia trabaja directamente con productores y participa en los procesos de beneficio húmedo y seco, lo que les permite conocer y controlar buena parte del camino que recorre antes de llegar a la barra. El 95% de los granos con los que trabajan viene de Coatepec, Veracruz, mientras que el resto corresponde a microlotes de Temascaltepec, Estado de México.
La cafetería también funciona como casa tostadora: reciben el grano verde y desarrollan perfiles específicos para cada lote, combinando tecnología de precisión con el conocimiento que han construido durante años. Tostar su propio café les permite tener control sobre una de las etapas que más termina definiendo lo que probamos en la taza y, sobre todo, mantener una consistencia que se nota cada vez que vuelves.
Después viene la barra. Puedes ir directo por un espresso o un flat white, pero también acercarte al Brew Bar y dejar que el equipo te lleve hacia otros métodos de extracción. Detrás hay generaciones de experiencia, productores, selección de granos, pruebas, curvas de tostado y decisiones técnicas que suceden mucho antes de que alguien diga “un flat white, por favor”. No necesitas conocer cada una para disfrutar el resultado, pero saber que están ahí cambia un poco la manera de ver lo que tienes enfrente.
Para quienes van con hambre, la carta suma panadería y un menú de almuerzos disponible hasta las 14:00. Actualmente Fuego y Café tiene dos espacios en la Condesa, en Nuevo León 50 y Mazatlán 132.

Una buena taza puede parecer algo bastante sencillo. Llegar, pedir, sentarse y tomar café. En Fuego y Café, lo interesante es descubrir todo lo que tuvo que pasar antes para que se sintiera así.

DRAFT MEDIA
Nada aquí se queda en borrador.
Hablamos de lo que otros no miran dos veces. Historias con intención.
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