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Más allá del motor: lo que realmente elegimos al comprar un auto
- 4 min read
- febrero 10, 2026
- by Denisse Noyola
No todos elegimos un auto por potencia o velocidad. Muchas veces la elección tiene más que ver con quiénes somos, cómo vivimos y qué queremos proyectar.
Elegir un auto rara vez es una decisión puramente racional. Aunque nos guste pensar que lo hacemos en función de consumo, espacio o rendimiento, la realidad es que muchas veces la elección nace de algo más íntimo: quiénes somos, cómo vivimos y cómo queremos movernos por el mundo.
Así como elegimos la ropa que usamos o el lugar donde vivimos, el auto termina siendo una extensión silenciosa de nuestra personalidad. No habla, pero dice mucho.

Hay quienes buscan autos discretos, de líneas limpias, colores neutros y presencia contenida, encontrando en lo sencillo el confort. Personas que valoran el orden, la funcionalidad y una elegancia sin estridencias. Para ellos, el auto no necesita llamar la atención; necesita acompañar y ser útil en cada trayecto.
Por otro lado, están quienes eligen vehículos con carácter: colores más atrevidos, diseño marcado, detalles que se notan. No es necesariamente una búsqueda de protagonismo, sino una forma de expresión. El auto es como una declaración personal, igual que un accesorio o una pieza de diseño.
Ninguna elección es mejor que otra. Son simplemente reflejos distintos de una misma necesidad: sentir que lo que manejamos nos representa.

o el que queremos ser?
Esta pregunta aparece inevitablemente. Hay quienes eligen un auto aspiracional, uno que representa una versión futura de sí mismos. Otros buscan coherencia absoluta entre su vida diaria y lo que manejan.
Ambas posturas son válidas. El auto puede ser espejo o proyección, pero rara vez es neutro.
En un mundo saturado de especificaciones, cifras y comparativos, pocas veces se habla de la experiencia emocional de elegir un auto. Cómo se siente al subirte, al cerrar la puerta, al manejarlo todos los días, al sentirse seguro de estar dentro de, al ser compatible y al ser una extensión más de tu cuerpo, este auto cómo encaja con tu rutina, con tus silencios, con tu manera de habitar. Porque al final, el auto no vive en un showroom ni en una ficha técnica. Vive en el tráfico, en los trayectos cotidianos, en los fines de semana improvisados, en el trabajo, en un date, y en las conversaciones que ocurren dentro.

Una elección personal, no universal
No existe “el auto ideal” para todos. Existe el auto correcto para cada persona y cada momento de vida. Y entender eso cambia por completo la forma en que miramos la industria automotriz: menos como una competencia de números y más como una conversación sobre identidad, estilo de vida y elecciones conscientes.
Elegir un auto es una decisión práctica, sí. Pero también es una forma silenciosa de contar quién eres, sin decir una palabra.
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