Casa Arrona y el arte de habitar el color de Oaxaca

Patio central de Casa Arrona en Oaxaca con muros terracota y vegetación.
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Hay ciudades que se entienden mejor a través del color, y Oaxaca es una de ellas. No es un color brillante ni pensado para la postal; es un color que nace de la tierra, del polvo que se levanta en las tardes, y de los muros que han absorbido décadas de sol.

El ocre, el terracota, los rosas polvosos y los amarillos suaves construyen la ciudad. Caminas unas cuadras y notas cómo la luz cambia de intensidad, y cómo las fachadas parecen devolver el calor de forma más amable.

En el callejón Boca del Monte, en pleno Centro Histórico, Casa Arrona recoge esa misma temperatura y la traduce en arquitectura.

La casa, una propiedad familiar de los años cincuenta, fue restaurada con una sensibilidad que se percibe desde que entras. No hay gestos exagerados ni transformaciones dramáticas; lo que hay es una lectura cuidadosa de lo que ya estaba ahí. La memoria sigue presente en la escala, en la proporción de los espacios, en la sensación de estar entrando a una casa que ha sido habitada antes, que tiene historia, que ha visto pasar el tiempo.

El proyecto, dirigido por Vicente Reyes y diseñado por Raúl Cabra, mantiene esa intimidad original y suma una mirada nueva en los detalles. Se nota en la textura de los muros, en la madera que aporta profundidad, en la selección de objetos y mobiliario mid century que dialogan con la arquitectura actual. El conjunto se va revelando poco a poco. Hay coherencia, hay calma, hay una intención clara de que cada elemento aporte al ambiente general sin buscar ser el protagonista.

El patio central articula las siete habitaciones y se convierte en el corazón de la casa.

La organización recuerda a una vecindad reinterpretada con serenidad, donde lo privado y lo común conviven. La luz entra de forma suave y constante, el aire circula y el ritmo del día parece desacelerarse apenas cruzas. La experiencia es casi introspectiva, pero nunca aislada. Siempre hay una conexión con la ciudad que respira alrededor.

Oaxaca también está presente en la materia.

Algunas piezas integran fibra de agave espadín, un subproducto de la industria mezcalera que aquí encuentra una nueva vida en objetos funcionales y texturales. El diseño se convierte en puente entre tradición artesanal, innovación y hospitalidad moderna.

A unos pasos de Santo Domingo, pero lo suficientemente resguardada del flujo constante de visitantes, Casa Arrona propone otra manera de vivir en Oaxaca. Más pausada, más cálida, más consciente del entorno. Aquí el color no compite con la arquitectura y la estancia se siente menos como una experiencia de hotel y más como una invitación a quedarse.

En una ciudad que vibra con intensidad, Casa Arrona elige la profundidad sobre el ruido. Y en esa decisión encuentra su color.

👉🏼 @casa_arrona
📍Boca del Monte 121, Oaxaca de Juárez

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