Quark Expeditions: una forma única de viajar al fin del mundo

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En la época de la sobreestimulación, los viajes son una manera de anclarnos al presente. Nos dan la oportunidad de, si somos afortunados, crear recuerdos que durarán para siempre. En su libro, El arte de viajar, Alain de Bottom dijo que existe una correlación casi pintoresca entre lo que tenemos ante los ojos y los pensamientos que somos capaces de albergar: “a veces, los grandes pensamientos requieren grandes panoramas”, escribió el autor suizo.  

Pienso en esa frase al hablar con Taylor Hess, director de ventas de Quark Expeditions, quien es parte del equipo de la única línea de cruceros especializada en expediciones a las regiones polares. Ellos no vuelcan su atención en los destinos caribeños o los puertos antiquísimos en Europa. Se han especializado exclusivamente en expediciones a las regiones polares. Su propuesta está enfocada en explorar el Ártico y la Antártida a través de embarcaciones pequeñas, equipos de expedición especializados y experiencias que llevan al viajero más allá del barco.

Una diferencia total

El lujo se ha transformado de ser una etiqueta donde lo que portas es lo que presumes, para reflejar lo que vives y experimentas. Pero Quark no sigue esta tendencia, nació en ella, ofreciendo viajes que no solo eran peculiares, hace solo unos años resultaban imposibles. A través de sus itinerarios llevan a sus pasajeros a la Antártica, South Georgia, Snow Hill Island, Groenlandia, Svalbard, Islandia y el Alto Ártico canadiense. 

La industria de los cruceros vende cabinas al presumir las maravillas que puedes hacer a bordo. Desde hace décadas, las compañías más famosas se comparan con hoteles (y en años más recientes, con ciudades) en el mar. Quark Expeditions se distingue por lo que haces fuera del barco. Un crucero regular tiene un itinerario cerrado, donde cada minuto está cronometrado y se recicla en cada viaje, pero aquí, el barco convive con la naturaleza, por lo que a pesar de que un día puede tener visita a glaciares o a colonias de pingüinos, nunca se sabe cuándo se puedan encontrar con leones marinos o auroras boreales; otro día puede incluir kayak, senderismo, observación de fauna o una experiencia aérea. La idea va más allá de solo llegar al destino, es dedicar el mayor tiempo posible a explorarlo.

Eso no quiere decir que los cruceros de Quark no sean una maravilla de ingeniería y confort (después de todo, viajar a los lugares más recónditos del planeta con amenidades de un hotel de lujo es algo que vale la pena mencionar), simplemente cada pasajero sabe que la verdadera estrella del viaje es la naturaleza que rodea al barco. 

Quark mantiene embarcaciones con capacidad máxima inferior a 200 pasajeros. Su tamaño permite navegar por determinados fiordos, canales y áreas remotas, además de facilitar una operación enfocada en actividades fuera del barco. En la Antártida, los lineamientos para visitantes establecen que las embarcaciones con más de 500 pasajeros no pueden realizar desembarcos.

Ultramarine es el buque insignia de Quark, con capacidad para 199 pasajeros, dos helicópteros bimotores y 20 Zodiacs (lanchas perfectas para explorar la naturaleza). Ocean Explorer, con capacidad para 138 pasajeros es la embarcación más pequeña, pero gracias a su escala, la experiencia es aún más íntima, y gracias a las áreas de observación es una de las favoritas de los fotógrafos que viajan en Quark. Finalmente está World Voyager, que puede llevar a 168 pasajeros y que se ha convertido en el crucero de la ciencia y el descubrimiento.

Los destinos de Quark

México se encuentra en una posición privilegiada, porque realmente estás a un par de vuelos para subirte a los cruceros (o los vuelos charters que se incluyen en los paquetes) para iniciar la aventura de tu vida. 

Como el resto de los cruceros, los itinerarios de Quark se mantienen de acuerdo a las temporadas. De noviembre a marzo es cuando se explora la Antártida. Durante el verano austral, la región se transforma para ofrecer avistamiento de focas, ballenas, icebergs y hasta visitar colonias de pingüinos.

En lugares así, cada minuto cuenta, por lo que se viaja en la época donde hay muchas horas de luz para conocer la Península Antártica (el séptimo continente, un lugar por el que muchas personas sienten atracción para tacharlo de su lista), South Georgia (una isla a unas 1300 millas náuticas desde el sur de Argentina que se desprendió cuando América y Antártica se separaron, por lo que es posible encontrar montañas parecidas a los Andes en medio del océano) y más lugares en la región. 

De mayo a septiembre, los barcos cruzan el planeta para recorrer muy variados puntos de la región ártica, que puede vivir menos en la imaginación de la gente, pero es más sorprendente de lo que esperan. En lugares como Svalbard, Groenlandia, Islandia o el Alto Ártico canadiense, pueden verse osos polares, morsas, ballenas, aves marinas y muchísimos elementos naturales como fiordos y glaciares que prometen cambiarte la vida, sobre todo al visitarlos en verano cuando el sol de medianoche permite experimentar jornadas con prácticamente 24 horas de luz.

Viajar se ha transformado. Sí, en Quark llegas más lejos que cualquiera, pero no se hace con la intención de demostrar que se puede, sino de abrir los ojos a una experiencia imposible de replicar. La Tierra está cambiando todos los días y las regiones que estos cruceros atraviesan son únicas, por lo que verlas con tus propios ojos es el verdadero lujo. 

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